'Motín de Esquilache' (1766) | Grabado | Siglo XIX | Fuente: Wikimedia

¿Sabías que el ‘Motín de Esquilache’ comenzó en Lavapiés?

'Un episodio del Motín de Esquilache | José Martí y Monsó | 1864 | Óleo sobre lienzo | 73x110 cm | Fuente: Wikimedia
‘Un episodio del Motín de Esquilache | José Martí y Monsó | 1864 | Óleo sobre lienzo | 73×110 cm | Fuente: Wikimedia

Se conoce como ‘Motín de Esquilache’ la revuelta social, con reivindicaciones económicas y políticas, que incendió las calles de Madrid  durante los primeros días de la Semana Santa de 1766 cuando en España reinaba Carlos III, que antes fue, como Carlos I, duque de Parma, Plasencia y Toscana (1731-1735) y, como Carlos VII, rey de Nápoles y Sicilia (1734-1759) .

Aunque en la historia popular se le recuerda ‘como el mejor alcalde de Madrid’, los principios del rey-alcalde Carlos III no fueron buenos y provocaron el descontento del pueblo. En un país que pasaba hambre y donde el pan costaba tanto como un jornal diario, los dispendios del borbónico monarca y de su ministro preferido Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, que le acompañó desde el Reino de las Dos Sicilias, provocaron un creciente descontento entre los madrileños.

El marqués de Esquilache comenzó un amplio programa de modernización de Madrid que incluía la limpieza, pavimentación y alumbrado público de las calles, la construcción de fosas sépticas y la creación de paseos y jardines. Entre sus medidas se incluyó la renovación de una antigua prohibición para erradicar el uso de la capa larga y el chambergo o sombrero de ala ancha, con el argumento de que fomentaban toda clase de delitos y desórdenes, ya que permitían el anonimato y la facilidad para ocultar armas.

Esta medida se vio por los majos y majas madrileños como la imposición de una moda de procedencia extranjera que atentaba contra su castiza vestimenta de la que estaban tan orgullosos. Así, la reacción popular fue tapar el bando del edicto con pasquines vejatorios contra el ministro napolitano. Su redacción literaria no podía atribuirse a la iletrada pluma popular: el analfabetismo alcanzaba a más del 80 por ciento de la población en aquel entonces.

El ministro no se amedrentó sino que mandó a soldados para proteger a los alguaciles municipales, que, armados de tijeras en plena calle,  acortaban las capas y mermaban los sombreros de los insumisos vecinos. Aparecen entonces en escena algunos personajes que estimulaban el descontento popular. Uno de ellos fue el ‘Tío Paco’ que en el Barrio de Lavapiés pagaba a los chiquillos por propagar a gritos ripios ofensivos, pero ilustrados, para toda la camarilla monárquica, tales como el siguiente:

El Rey Carlos, bonitatis,
el Gobernador, tontitis,
el Confesor, chilindritis,
pero el Ministro, agarrantis.
Los Grandes serán gratis
cabrones sin ton ni son,
Madrid, Datán y Abirón,
y si no hay quien nos socorra
también Sodoma y Gomorra,
excepto la Inquisición.

Así estaban las cosas, cuando a primeras horas de la tarde del Domingo de Ramos, 23 de marzo de 1766, día que comenzaba la prohibición, un barberillo de Lavapiés pretendió atravesar el Portillo de Antón Martín con su vestimenta castiza que incluía, por supuesto, chambergo y capa ancha. Los alguaciles intentaron recortarle ambos y ahí comenzó el ‘Motín de Esquilache’.

El barberillo de Lavapiés se negó rotundamente a ello, sacó su navaja y pidió ayuda a gritos, logrando que un grupo de  manolos pusieran en fuga a los alguaciles municipales. La revuelta se extendió, Calle de Atocha arriba, hasta la Plazuela del Ángel, la Puerta del Sol, la Plaza de Herradores y la Plaza Mayor. En el camino iban destrozando los ‘esquilaches’ o farolas instaladas por el ministro napolitano desde 1765 en las principales calles de Madrid.

La marea popular llegó hasta la Casa de las 7 Chimeneas, residencia del marqués de Esquilache, que había puesto pies en polvorosa hasta San Fernando de Henares, mientras su esposa se refugiaba con sus hijas, y las joyas de la familia, en el Colegio de las Niñas de Leganés.  La casa fue asaltada y resultó muerto un criado que intentó ofrecer resistencia.

Tras varios días de incidentes y muertes, el ‘Motín de Esquilache’ se dio por terminado el Sábado de Gloria, 29 de marzo de 1766. Carlos III accedió en parte a las peticiones populares: “fuera Esquilache, fuera guardias valones… y que baje el pan”Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, abandonó definitivamente España en abril de 1766 desde el puerto de Cartagena, con rumbo a Nápoles, pero las largas capas se acabaron recortando y el sombrero de tres picos sustituyó al castizo chambergo. El pan no bajó.

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